Psicología pensada para el mundo real
Diseñamos programas de intervención que combinan psicoterapia, EMDR y, cuando es adecuado, TMS, para que el cambio no se quede solo en entender lo que te pasa, sino en sentirlo diferente.
Psicoterapia individual
Sesiones de 50-60 minutos donde trabajamos tu ansiedad, estado de ánimo, autoestima, relaciones o bloqueos vitales. Integramos TCC, terapias contextuales y trabajo emocional para que la terapia no sea solo “hablar de lo que te pasa”.
Además, en cada sesión vamos construyendo herramientas prácticas que puedas aplicar en tu día a día para generar cambios reales y sostenibles. Esto incluye estrategias para regular tus emociones, identificar patrones que te limitan, fortalecer tu autoconocimiento y mejorar tu capacidad para tomar decisiones alineadas con lo que necesitas. La idea es que no solo te sientas escuchado/a, sino acompañado/a con un plan terapéutico claro y orientado a que avances a un ritmo respetuoso contigo.
EMDR
Una forma de procesar recuerdos que siguen activando malestar en el presente: experiencias de rechazo, humillación, pérdidas, accidentes, traumas relacionales o situaciones que se te quedan “clavadas”. No se trata de olvidar, sino de poder recordarlo sin que duela igual.
Este trabajo terapéutico permite que tu sistema emocional “reprocese” esos recuerdos para que dejen de influir de manera desproporcionada en tu vida actual. A través de técnicas basadas en evidencia, se reduce la carga emocional asociada al pasado, fortaleciendo recursos internos como la seguridad, la autoempatía y la resiliencia. El objetivo es que puedas mirar hacia atrás sin sentir que sigues atrapado/a allí, recuperando la capacidad de estar presente y avanzar con mayor ligereza.
TMS (estimulación magnética transcraneal)
Un tratamiento neuromodulador que utiliza campos magnéticos para estimular áreas cerebrales relacionadas con el estado de ánimo. Especialmente útil en casos de depresión resistente y ciertos cuadros de ansiedad cuando otras intervenciones no han sido suficientes.
Además, este tipo de intervención suele aplicarse en ciclos breves y no requiere sedación ni hospitalización, lo que permite al paciente retomar sus actividades cotidianas inmediatamente después de cada sesión. Su objetivo es favorecer una mayor regulación emocional y mejorar la respuesta del cerebro a otros tratamientos psicológicos o farmacológicos. Aunque no es invasivo y suele ser bien tolerado, siempre se realiza bajo supervisión profesional para adaptar la intensidad y frecuencia a las necesidades de cada persona.
Radiografía emocional
Un mapa claro de tu situación emocional actual: qué está pasando, qué lo sostiene y qué necesitamos priorizar. Lo utilizamos al inicio del proceso para definir el plan terapéutico y revisar juntos la evolución.
Este análisis inicial permite entender no solo los síntomas, sino también los patrones, contextos y factores que influyen en tu bienestar. A partir de esta información, establecemos objetivos concretos y realistas, así como las estrategias que utilizaremos a lo largo del proceso. Es una guía flexible que revisamos periódicamente para asegurarnos de que el rumbo de la terapia sigue siendo coherente contigo, con tus avances y con los cambios que vayan apareciendo en tu vida.